Cuándo no operar en oftalmología: la importancia de saber decir no
En mi práctica diaria como oftalmólogo, es muy habitual encontrar pacientes que llegan a consulta con una idea clara: quieren operarse.
En cirugía refractiva, esto ocurre especialmente en personas con miopía, hipermetropía o astigmatismo que desean dejar de depender de gafas o lentillas. Esa ilusión es comprensible y legítima.
Sin embargo, no siempre operar es lo correcto.
La cirugía como equilibrio entre beneficio y riesgo
Yo siempre he entendido la cirugía como una balanza entre beneficio y riesgo.
Toda cirugía conlleva un riesgo, por pequeño que sea. Eso es inevitable y forma parte de la medicina.
Mi criterio personal es claro: cuando el beneficio no supera claramente al riesgo, no opero.
Incluso cuando la balanza se iguala —cuando el riesgo mínimo es real pero el beneficio es incierto— considero que ese riesgo no es asumible.
No existe ningún criterio válido que deba estar por encima de eso.
El papel del paciente y el papel del médico
La cirugía oftalmológica es una decisión que siempre toma el paciente.
El paciente viene demandando una solución, con expectativas y con un objetivo claro. Y eso es totalmente respetable.
Pero esa demanda necesita algo fundamental: una evaluación médica rigurosa, honesta y realista.
Mi obligación como médico no es decir sí a una petición, sino valorar si ese tratamiento puede ofrecer un buen resultado sin poner en riesgo la visión. Y no siempre es posible.
Decir que no también es medicina
Decirle a un paciente que no es candidato para una cirugía no es fácil.
De hecho, para muchos médicos, es mucho más difícil decir que no que decir que sí.
Decir que sí suele ser más cómodo. Decir que no exige criterio, experiencia y asumir una conversación difícil.
Pero creo firmemente que la excelencia médica está precisamente ahí: en saber reconocer cuándo una cirugía no aporta un beneficio claro y en proteger al paciente incluso de su propio deseo de operarse.
Mi compromiso
Por eso, cuando recomiendo no operar, lo hago con la misma convicción con la que indico una cirugía cuando creo que es adecuada.
No porque no sea técnicamente posible, sino porque no considero que sea médicamente correcto.
En oftalmología, saber decir no no es una renuncia. Es una forma profunda de respeto hacia la visión del paciente.
¿Tienes dudas sobre si eres candidato/a a una cirugía ocular? Una valoración completa y honesta es el primer paso para decidir con seguridad.